Cuenta la leyenda, que en un río de la República Mexicana, sin recordar si en el Estado de Michoacán o Veracruz, vivía un cocodrilo macho, el cual siempre nadaba a la orilla del río, y cuando la gente pasaba por ahí, le tiraban con piedras. A causa de éste constante maltrato, el cocodrilo se entristeció y bajó su autoestima, no comía y se quedaba echado a orillas del río; ahí las hormigas empezaron a subirse a su cuerpo y le comieron el cristalino de sus ojos, quedando ciego; más tarde las autoridades lo rescataron y lo trasladaron a una granja criadora de cocodrilos que se ubica en la sindicatura de Costa Rica, perteneciente al municipio de Culiacán.
Fue ubicado en un estanque artificial aislado de los demás cocodrilos, y con el fin de que se reprodujera le pusieron a dos hembras, pero éste, creyendo que eran machos y que lo iban a atacar, las atacó el primero y las mató; y desde entonces hasta la fecha vive solo en su estanque sin que nadie se acerque.